Entender a los alemanes: Cómo romper el hielo y cómo puede ayudar el coaching intercultural

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Texto por Eva Göllner, coach intercultural

Alemania sorprende y no siempre en el sentido positivo, a veces puede exasperar incluso hasta a los mismos alemanes (pero esa es otra historia).

Primero, físicamente: el frío en invierno, la falta de luz, las puertas pesadas. Luego la vida pública: no hay barreras en el metro, la gente paga por voluntad propia (o al menos la mayoría), poca gente cruza la calle cuando el semáforo está en rojo.

Nadie habla en el bus ni en el metro, separan la basura como si su vida dependiese de ello, siempre dispuestos a sermonear a cualquiera que dude de la razonabilidad de tal empeño.

Involuntariamente, uno se pregunta ¿Dónde y cuándo disfruta esta gente? ¿Tomando el sol de abril, desnudos en el parque? ¿Bebiendo vino caliente en diciembre, en la terraza de un bar, bajo una estufa que llaman seta?

Después uno empieza a conocer a algunos, quizás en el trabajo y la confusión no termina allí. Dicen cosas como “el trabajo es el trabajo y la cerveza es la cerveza” y pueden estar tomándola hasta las tantas de la mañana y el día siguiente aparecerán puntuales en su puesto de trabajo como unos buenos soldados prusianos.

Se toman todo muy en serio, sus planes y sus normas… Están todo el día intentando cumplir y mejorar, discutiendo la materia. No elogian. Si no hay quejas ni críticas se supone que todo está funcionando bien. Más elogio que la falta de crítica no se puede esperar.

No saben improvisar. Si pasa algo imprevisto se vuelven locos y se sienten culpables y el mundo se les viene encima. Y las dichosas citas, Termine -Termine. Hasta para quedar con la pareja parece que hay que “hacer un Termin“.

El extranjero ve todo esto, manifestaciones de estándares culturales que, en mayor o menor medida, rigen y ‘ordenan’ la vida y se pregunta cómo puede situarse en mitad de estas pautas culturales que no entiende del todo y que aún no maneja con destreza.

Y son precisamente estas preguntas las que están al principio de un proceso intercultural.

 

Coaching intercultural: Herramientas para enfrentar las diferencias

Acabo de describir estándares culturales alemanes, pero claro, cada cultura tiene sus propios estándares.

Eva Göllner, coach intercultural

Viviendo en nuestra propia cultura no nos damos cuenta que todos los días nos indican cómo actuar y quizás también cómo pensar y sentir, al menos con referencia a nuestros interlocutores.

Es cuando salimos y nos vemos enfrentados a otros estándares cuando de repente nos sentimos como saltando sin red de seguridad y empezamos y dudar de los gestos más insignificantes.

En un coaching intercultural aprendemos a tomar consciencia de lo nuestro, de nuestras pautas culturales, para ver nuestros ‘automatismos’ con más distancia y mirarlos como los vería un extranjero.

¿Cómo somos nosotros? Si hablamos en voz alta o muy rápidamente, ¿qué significa?

Luego nos preguntamos qué entiende el otro de lo que decimos y cómo lo decimos y así nos enfocamos primero en nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, para analizarlo con lupa y aprender de lo que vemos.

Empezamos por lo individual porque somos todos diferentes y los estándares no nos llevarían muy lejos. Son el denominador común mínimo, pero pronto pueden tendernos la trampa de los esterotipos y los tópicos.

Cada persona es el resultado de su historia y de la influencia de la cultura de su país, su región, su ciudad o hasta su barrio de origen. Sólo entendemos cómo tratarla si tenemos las antenas puestas y nos dejamos guiar por lo que percibimos.

Y sí, es verdad, en el fondo esto vale para todas las personas, sean de una misma cultura o no. El objetivo de este proceso es poder encontrar un terreno común entre nosotros y nuestros interlocutores.

Porque no se trata de integrarse en el sentido clásico, o sea uno llega a un país y poco a poco se adapta a lo que encuentra.

Se trata de entender y apreciar nuestras diferentes maneras de comunicar y de ver el mundo y de abrirnos hacia un cambio y hacia un terreno que, en el mejor de los casos, es nuevo para todos los implicados.

Son procesos lentos que empiezan con nosotros mismos.

Y es allí donde entra el coach intercultural que te acompaña en este proceso, ayudándote a evitar malentendidos, a desenvolverte con soltura en una cultura diferente, a poder descifrar los mensajes de tus interlocutores y a mandar mensajes adecuados tanto con respecto a tu interior, como con respecto a tu entorno y a sentirte relajado y libre en el contacto y en la comunicación.

Porque un año en Alemania parece muy poco. Y podrían ser muchos más, enriqueciéndonos a nosotros mismos y a los que nos rodean y aportando nuestro granito de arena.

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