Pelo raus: depílate!

Texto por Carolina Proaño Wexman

Peludos o lampiños, más o menos velludos, el gusto por la depilación se determina según la representación que cada cultura hace de la belleza.

A los japoneses, por ejemplo, les parece que tener mucho vello púbico es extremadamente erótico y los latinos y estadounidenses sufren pesadillas por culpa de la asistente bigotuda del dentista.

Razones para dejárselo o quitárselo hay muchas y variadas. Los egipcios, inventores de esta disimulada técnica de tortura corporal, comenzaron a depilarse por motivos de salud para luego, gracias al marketing implementado por algún faraón, sacarse el pelo por moda.

Tal y como sucede hoy en día, la costumbre fue copiada por romanos y griegos, para luego ser considerada una práctica pagana por la iglesia cristiana.

De todas maneras las mujeres del siglo 16 encontraron una forma de seguir martirizándose voluntariamente y optaron por depilarse el crecimiento del cabello de la cabeza.

Fue recién a principios del siglo pasado, que las mujeres volvieron a sacarse el pelo de todas partes.

De ahí en adelante sólo fue cuestión de cambiar el método de sufrimiento: láser, cera caliente, cuchillas, electrólisis, etc. Y, claro, ponerle un nombre más simpático al tormento: “Depilación brasilera”, estilo “Hollywood”, etc.

Estos son algunos lugares relativamente baratos, recomendados por las chicas menos peludas de Berlín:

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